
Fue entonces cuando Susana se dio cuenta de cuánto quería a quienes la rodeaban.
Su hermano muerto, su padre que se fue de casa, su madre que le gritó que la odiaba luego de haber discutido con ella, su abuela enferma y el abuelo que jamás conoció.
Si, definitivamente amaba toda esa distorsión. Era perfecto para ella. Completamente perfecto.
Los amaba. Amaba a su familia. Por fin lo había descubierto luego de meditar mientras bebía su whisky de media-tarde. Por fin lo había descubierto.