viernes, 12 de febrero de 2010

Paseo Ahumada

¡Hola! ¿hay alguien ahí?

Nada. No obtuvo respuesta.
Continuó gritando.

¡¡¡
Ayuda!!! ¡Por favor
! ¡sáquenme de aquí!

Su desesperación aumentaba y el sonar de zapatos y refinados tacos en la calle le daba una leve esperanza de ser oída. Pero nada ni nadie podría socorrerla si no la notaba, así que gritó nuevamente.

¡¡¡
Socorro!!! ¡Estoy atrapada! Vamos, se que están ahí. ¡ Se que me están escuchando!

Dio un grito que le desgarro el alma, pero no obtuvo respuesta.

¿
Qué debo hacer para que me auxilien? ¡¡¡Alguien responda!!!

Cuando terminó su frase cayó desplomada en el suelo, estaba agotada. Comenzó a perder todas sus esperanzas, creía que se quedaría dentro de aquellas toscas y hostiles cuatro paredes por el resto de su corta vida...
De pronto, una puerta se abrió. El sonido era tan cercano que recuperó todas sus energías y se puso de pie para emprender en un nuevo grito desesperado.

Por favor, sáqueme de a...

Una voz firme de mujer mayor la interrumpió.

¿
Quiere callarse? ya la oímos suficiente! Acabe con el espectáculo de una vez por todas!!!

Quedó atónita ¿A qué se debía ese reto? estaba atrapada, ¿qué más podía hacer?
La voz continúo.

Dígame señorita, ¿ ya intentó quitar el seguro de la puerta?

¿
QUÉ? ¿Había un seguro? Comenzó a examinar la madera hasta que encontró una perilla. La giro e inmediatamente la puerta se abrió.
Al ver la luz, notó que la voz provenía de una señora gordita con un aspecto tan dulce y maternal que no pudo evitar abalanzarse sobre ella para abrazarla mientras lloraba.

¡
Gracias! muchísimas gracias seño...

La mujer volvió a interrumpir.

No me agradezca dama, pero por favor, la próxima vez que entre a un baño público no haga este escándalo.

Se escucharon risas de fondo...