viernes, 24 de septiembre de 2010

Suerte

























La música de ambiente no era de su favorita, pero no podía hacer nada al respecto.
Continuó sentado para ver si es que su suerte cambiaba un poco.
Acababa de discutir con su mejor amigo y ahora estaba deambulando por inercia entre el vaivén de la gente.
Sintió un poco de vergüenza de su soledad, pero tampoco hizo nada al respecto.
No era lo que más le importaba.
Pasaron 7 minutos casi exactos (contaba los segundos en su cabeza) cuando ella por fin apareció, linda, eternamente risueña.
Él la miró y sus ojos se iluminaron. Ella lo miró y le sonrió.
Ahora, su único deseo era no haberse ruborizado...