sábado, 30 de abril de 2011
A la entrada anterior
Exageras. Tu corazón no ha sido destrozado ni nada, sigue ahí igual que siempre. Ilusa.
domingo, 24 de abril de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
Aprendiz

En la sala de estudios se encuentra el MAESTRO y su APRENDIZ.
APRENDIZ: Maestro, tengo un problema.
MAESTRO: Dime.
APRENDIZ: Por favor, ayúdeme. Mis historias... No lo sé, no les puedo dar otro sentido.
MAESTRO: ¿A qué te refieres?
APRENDIZ: Finales trágicos, muerte, sangre, sufrimiento... No puedo escribir sobre nada más. Puedo estar escribiendo la historia más hermosa del mundo y ¡zas! Ahí está el final horrible otra vez...
MAESTRO: Bueno, por lo general la gente gusta de los finales inesperados.
APRENDIZ: Eso creo, pero quisiera aprender a escribir de otra manera, lograr algo distinto, dejar a la gente sin respiración por un motivo diferente.
MAESTRO: Mmm... Podrías cambiar tu fuente de inspiración.
APRENDIZ: No es tan fácil.
MAESTRO: Es sólo un asunto de esfuerzo.
El MAESTRO se levanta de su asiento y
domingo, 13 de marzo de 2011
miércoles, 2 de marzo de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
No sé nada
Cambio de vías. Otro tren. Linterna en mano. Baterías descargadas.
No veo y no entiendo. Por Dios les digo que no veo y no entiendo.
Nadie más. Nadie más. Se escuchan pisadas pero no hay nadie más.
Cuando quieres que todo pase rápido.
Cuando quieres que esa oscuridad acabe y sepas en qué dirección está el otro tren.
Cuando la muerte anunciada es presentada ante tus ojos, entre gritos y llantos de un pequeño.
Cuando ya no quieres más, porque no ves. Porque no entiendes. Porque tu linterna falló. Porque las baterías se descargaron. Porque no hay nadie más. Porque ni tu eco se presenta. Porque no sabes dónde estás. Porque te sientes un ser ínfimo, inexistente para algunos.
Porque...porque meramente no sabes y no quieres saber.
Just saying...
me siento horrible.
No veo y no entiendo. Por Dios les digo que no veo y no entiendo.
Nadie más. Nadie más. Se escuchan pisadas pero no hay nadie más.
Cuando quieres que todo pase rápido.
Cuando quieres que esa oscuridad acabe y sepas en qué dirección está el otro tren.
Cuando la muerte anunciada es presentada ante tus ojos, entre gritos y llantos de un pequeño.
Cuando ya no quieres más, porque no ves. Porque no entiendes. Porque tu linterna falló. Porque las baterías se descargaron. Porque no hay nadie más. Porque ni tu eco se presenta. Porque no sabes dónde estás. Porque te sientes un ser ínfimo, inexistente para algunos.
Porque...porque meramente no sabes y no quieres saber.
Just saying...
me siento horrible.
martes, 22 de febrero de 2011
Como es arriba (no) es abajo.
Creía estar volando. Tal vez así era, pero no estaba segura.
Se desplazaba sin chocar con nada, todo la atravesaba como si fuera un fantasma de su imaginación.
Cámara lenta. Cada centímetro que avanzaba era gloria en su más pura expresión.
Sentía el aire sobre su cara, estaba frío, pero era agradable. Sentía sus mejillas heladas sin la necesidad de tocarlas, eso le encantaba.
Su complicado peinado se arremolinaba hacia atrás. Ya no le importaba que su pelo se enredara, se sentía libre y no quería que eso cambiara.
Intentó elevarse más. Eso definitivamente no era un sueño.
Trató de nadar en esa inmensidad, de bañarse en la brisa y beber de las estrellas que la miraban con cara de...bueno, sólo la miraban e iluminaban su vuelo.
No, no, no. No podía estar soñando. Era todo muy hermoso, maravilloso, ¡encantador! No podía hacerse a la idea de que no era real. Jamás había soñado con algo tan concreto como eso, debía estar ocurriendo en verdad. Lo sentía todo, su tacto estaba más alerta que nunca y notaba como caía en una especie de sinestesia temporal. Todo mezclado, revuelto, pero totalmente claro e identificado.
Definitivamente, eso era la gloria.
Sentía todo, pero luego la brisa se hizo traicionera. El frío comenzó a cortarle las mejillas, ella empezó a descender, las estrellas ahora se reían y le quemaban la garganta. Los ojos le ardían y sangraban dolor. Todo seguía siendo real, de eso no cabía duda.
Ya no traspasaba todo aquello que se pusiera en su camino, muy por el contrario, chocaba a una velocidad impresionante. Dolor. Mucho dolor.
No entendía nada. Sabía que sus brazos estaban llenos de cortadas, no necesitaba verlos ni tocarlos. El dolor era desesperante.
El enredo de su cabello estaba teñido de rojo y un dolor en la nuca le hizo caer en la cuenta.
-No me puse el jodido cinturón de seguridad...¡mierda!- Pensó cuando por fin se desplomó en el frío y áspero concreto, en medio de la expectación de unos cuantos ojos curiosos y a unos metros de un destrozado auto color gris grafito.
lunes, 21 de febrero de 2011
sábado, 19 de febrero de 2011
Despedida

Rascó el cielo y le quedó un pedacito de nube en la uña.
Recogió secas flores de invierno que se quebraron en sus tibias manos.
Besó con delicadeza los labios que amaba.
Dio suaves pasos que apenas hicieron rechinar las maderas.
Movió sus pies con delicadeza, procurando no hacer ruido para no despertar la inquietud del sueño.
Con finura, su cabello bailó hacia atrás abrazándose de la leve brisa.
Acarició con los ojos lo último que quedaba.
Empuñó el cuchillo y acabó con él.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Justo aquí y ahora.
Si, por supuesto.
Últimamente estoy más feliz luego de que la crisis de ira homicida me dominara.
No he llorado nada en relación a eso, así que continúa refugiado en un cálido rincón de no-sé-dónde. Por ahora duerme y espero que esté durante un largo tiempo en ese estado casi líquido camuflado entre mi sangre.
Aspiren humo si quieren olvidar y estar mejor. No fue eso lo que hice, claro.
Es otro el motivo de mi felicidad, pero lo que me da miedo es que fue demasiado rápido. Si, demasiado, y eso me preocupa.
Que basura es a veces estar feliz. Me quita la inspiración.
Es la sangre, la enfermedad, el odio y la amargura recolectada la que me ayuda a ingeniar. También la mierda que me dicen algunas personas más mierda que sus cuchillas.
Todo eso que aun tengo guardado es lo que no me deja ser feliz con mi felicidad, y lo malo es que la única manera que me queda para liberar todo eso es explotar en algún momento y dejar todo destazado para luego recuperar los trocitos y pegarlos con cola fría o scotch.
Eso. Igual estoy feliz.
Últimamente estoy más feliz luego de que la crisis de ira homicida me dominara.
No he llorado nada en relación a eso, así que continúa refugiado en un cálido rincón de no-sé-dónde. Por ahora duerme y espero que esté durante un largo tiempo en ese estado casi líquido camuflado entre mi sangre.
Aspiren humo si quieren olvidar y estar mejor. No fue eso lo que hice, claro.
Es otro el motivo de mi felicidad, pero lo que me da miedo es que fue demasiado rápido. Si, demasiado, y eso me preocupa.
Que basura es a veces estar feliz. Me quita la inspiración.
Es la sangre, la enfermedad, el odio y la amargura recolectada la que me ayuda a ingeniar. También la mierda que me dicen algunas personas más mierda que sus cuchillas.
Todo eso que aun tengo guardado es lo que no me deja ser feliz con mi felicidad, y lo malo es que la única manera que me queda para liberar todo eso es explotar en algún momento y dejar todo destazado para luego recuperar los trocitos y pegarlos con cola fría o scotch.
Eso. Igual estoy feliz.
lunes, 14 de febrero de 2011
Descubrimiento

Fue entonces cuando Susana se dio cuenta de cuánto quería a quienes la rodeaban.
Su hermano muerto, su padre que se fue de casa, su madre que le gritó que la odiaba luego de haber discutido con ella, su abuela enferma y el abuelo que jamás conoció.
Si, definitivamente amaba toda esa distorsión. Era perfecto para ella. Completamente perfecto.
Los amaba. Amaba a su familia. Por fin lo había descubierto luego de meditar mientras bebía su whisky de media-tarde. Por fin lo había descubierto.
jueves, 10 de febrero de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
Llanto
Hace varios días que quiero llorar.
Me duele la cabeza y tengo el maldito nudo en la garganta.
Nada especial, lo mismo que le pasa a varios cuando quieren llorar y no pueden.
Quiero llorar ahora. Aquí. Aunque todos estén y no estén a la vez.
Quiero llorar, estoy dispuesta a hacerlo y no puedo.
No salen las lágrimas de mis ojos. No salen.
Por mientras, me dedico llorar en las palabras y palidecer en el papel que me acoge como a una hija que no ha visto en años...
jueves, 27 de enero de 2011
Así nació una bestia...
lunes, 17 de enero de 2011
viernes, 7 de enero de 2011
Nada

Caminamos junto a una orilla incandescente.
Flotamos.
Imaginamos.
Acabamos.
Desaparecimos.
Todo en un micro segundo falso,
frío y desdichado,
marcado de soledad
y un falso sentimiento de compañerismo.
La primavera.
Se pudrió todo,
no queda nada,
solo las cenizas de unas cuantas cartas quemadas.
Aquí está mi cuaderno,
te lo entrego y regalo con agrado.
En cada página,
en cada renglón,
hay un sentimiento de odio documentado
adornado y despachado a tu puerta,
a esa maldita puerta,
de esa maldita madera,
de ese maldito árbol,
de ese maldito bosque,
de ese maldito país,
de ese maldito mundo.
Instrumentos musicales estridentes
y una parafernalia verdusca
despiden a la nada,
despiden al todo
y yo agradezco con reverencias,
algo fingidas en su mayoría,
dirigidas a desconocidos,
a un carnaval de idiotas
y continúo pensando
"¿Que hubiera pasado si..."
lunes, 27 de diciembre de 2010
Ciclo
Decenas de niños entre 2 y 17 salieron a un mundo desconocido.
El recinto había sido clausurado. Nadie supo bien porque, sin embargo los rumores jugosos y enfermos sobraban.
Nadie los esperó afuera. Salieron en silencio, de luto. Nadie los conocía.
-¡Liberaron a la peste!- gritaban los niños que vivían en la calle del orfanato, pero jamás imaginaron el mal que le hacían a la humanidad.
Cuando crecieron, los caminos que tomaron estos muchachos fueron variados.
Algunos cayeron en las drogas y se dedicaron a robar en las casas aledañas a su "hogar de infancia".
Otros mendigaban día y noche para comprar un caramelo que luego fue reemplazado por la caja de vino.
Algunos simplemente se suicidaron.
Pero otros, por su parte, surgieron en la vida, pero con odio, rencor y una indignación tan profunda contra aquellos que los maltrataban que cuando crecieron se convirtieron en sus jefes.
martes, 21 de diciembre de 2010
Ateo

-No menciones a Dios al frente mio, sabes que dejé de creer hace mucho.
-Oh, lo siento. Pero oye, ¿es que acaso estás enfermo? ¿Tienes frío?
-Muero de calor.
-Ah, entonces quieres aplicar esa teoría de que si comes o bebes algo caliente tu cuerpo se adaptará al clima y ya no tendrás calor ¿cierto?
-No, tampoco creo en eso. La temperatura promedio de tu cuerpo está al rededor de los 36 y 37 grados, mientras que la temperatura ambiente actual es de 32º. Si como o bebo algo caliente no hago más que aumentar el calor. Detesto esas teorías estúpidas sin bases concretas.
-Vaya, menos mal que jamás te he preguntado por qué no crees en Dios.
-Ya te dije que no lo mencionaras.
-Lo sé. A veces pienso que tu vida está tan estructurada por fundamentos fríos y calculadores que ya no me amas, porque ¿acaso crees en el amor?
-El amor no es más que una reacción química que termina siendo simbolizada por anillos de matrimonio. De una forma u otra eso lo hace real ¿no?
-No lo sé, no creo que sea eso.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Creer

Ya no creo.
Me dijeron que cruzara los dedos,
Que anhelara con fuerzas,
mas no funcionó.
Ya no creo.
Como si de una campaña publicitaria se tratara
me insistieron con falsas sonrisas que no criticara
y que simplemente realizara esos extraños rituales
de los cuales obtendría los resultados que yo esperaba.
Sin embargo tampoco funcionó.
Mintieron.
Ya no les creo.
Cambiaron hábitos,
modificaron costumbres,
moldearon una sociedad a la medida de la ingenuidad.
Pero yo ya no creo.
Algunos me recomendaron ciertas comidas para año nuevo,
lo cual intenté sin ademán de disgusto,
pero no me sorprendí al dimensionar el resultado
ya que nuevamente me habían estafado.
Más adelante probé con la canela,
una infusión y tendrás fortuna,
decía mi abuela,
y nuevamente me quedé en esa rueda
aguardando por la efectividad,
mi eterna espera.
Comienzo a notar que la vida de muchos se apaga
esperando la respuesta de alguien
¿Y que quieren que haga?
caí en la tentación de probar una nueva vía de escape
y caí de rodillas frente a sus escaparates.
Me insistieron que rezara,
que de una u otra manera me comunicara,
que no fuera tan acelerada,
con con mucha paciencia aguardara,
y obedientemente acepté sus condiciones
viendo como lentamente se apagaban mis ilusiones.
Y nuevamente ocurrió,
no llegó ninguna respuesta.
Llevo años esperando que su dios toque a mi puerta,
porque me canse de buscarlo yo,
de cuidadosamente conocer cada corazón
hasta hallar mágicamente aquel apoyo
que me ayude
que me levante
que efectivamente me devuelva la fe.
Ya no creo.
De corazón te digo que ya no creo.
No le creo a sus altares ni sus benevolencias,
no le creo a sus rituales,
no le creo a sus técnicas,
no le creo a sus consejos,
no le creo a sus extrañas mezclas.
Ya no creo que usar una determinada ropa me ayude por arte de magia.
Ya no creo que colocar billetes bajo mi plato me de riqueza,
ya que he descubierto el monopolio que solo se maneja,
ya que he descubierto la ingenuidad hasta el punto de perder la cabeza.
Ya no creo.
En todo aquello que me han dicho ya no creo.
Solo en unas cuantas cosas creo, nada más.
En todo lo demás ya no creo.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Recordar (no) hace mal
-¿Qué olor tiene el pasado?
Se detuvo unos instantes a meditar. Nadie le respondería, sin embargo no era una pregunta retórica.
El pasado debería de tener olor ¿no? Todas las cosas tienen un aroma especial.
Tal vez era el aroma que cada uno le designara en relación a cosas vividas en el pasado, pero era una respuesta tan lógica y poco ingeniosa que resolvió por continuar con su interrogante interna.
-La verdad, ni siquiera puedo recordar el olor de esta mañana...¿cuál era? maldición, soy pésimo para esto.
Se lamentó por tan solo unos segundos. Volvió a pensar en lo mismo.
-Mi memoria se a vuelto senil...es una lástima, de verdad me molesta esta duda.
Sonó el teléfono, quizás quien lo llamaba lo podría ayudar con su duda.
-Alo.
-Muy buenas tardes, le llamo desde el Centro Clínico de Traumatología Dimenticare, ¿se encontrará el señor Hector Díaz?
-Con él mismo...permítame una pregunta, ¿qué olor tiene el pasado?
-¿Disculpe?
-¿Usted, amable dama, me podría decir qué olor tiene el pasado?
-Lo lamento señor Díaz, pero mi llamada no es más que para recordarle que hoy usted no asistió a su terapia con el doctor Ramirez, ¿Desea continuar con las sesiones o cancelará todas sus demás consultas?
-¿Consultas? Si, yo le acabo de hacer una consulta a usted, porque estoy seguro de que la soledad no me contestará...
-Señor, por favor, necesito saber si es que usted seguirá asistiendo a las terapias o no.
-No.
-Está bien, muy buenas tarde señor Díaz.
Cortó. No resolvió su duda. De pronto un estruendoso ruido sonó fuera de su departamento.
Un accidente automovilístico, nada fuera de lo común en aquella calle tan mal señalizada.
Se asomó por la ventana a ver lo ocurrido.
-Mmm...auto blanco no respetó la luz roja e impactó a auto verde cuando éste se preparaba para doblar hacia la derecha. Típico.
De la nada, sin previo aviso, unas palabras salieron de su boca.
-El pasado huele a caucho quemado...-dudó- Si, ¡eso es! Caucho quemado, ¿cómo no lo pensé antes? Cuando yo choqué en esta misma avenida salió olor a caucho quemado, ¡Santo Cielos!, debo haberme golpeado tan fuerte en la cabeza aquella vez que ya no recuerdo nada con facilidad...que suerte la mía, que bueno que lo recordé.
Ya más tranquilo por haber resolvido su duda, se fue a recostar...su oído estaba sangrando y recordó cuando su médico le dijo que recordar le hacía mal para la salud.
-Ese hombre es un enfermo.
Se quedó dormido.
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